
La huelga de hambre del presidente boliviano Evo Morales y de varios dirigentes de los movimientos sociales constituye una firme respuesta a una nueva acción de la derecha boliviana por bloquear el proceso de cambio que ha emprendido Bolivia desde hace cerca de 9 años, cuando las clases secularmente subalternas decidieron tomar en sus manos su propio destino, y colocar, desde enero de 2006, luego de una histórica victoria electoral con más del 54 por ciento de votación, a un indígena al mando del Estado.
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